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IWC

La excepción a la regla

IWC
Estamos acostumbrados a empezar esta sección con el clásico “En una pequeña localidad situada en el corazón del Jura…” y fórmulas similares. Sin embargo, en esta ocasión se nos presenta la posibilidad de variar un poco, pues nos encontramos ante un caso muy peculiar dentro de la relojería suiza.

Fundada en 1868, la empresa IWC Schaffhausen está localizada en el nordeste de Suiza, lejos del centro neurálgico de la industria relojera del país. Y es que su nacimiento se aleja  también de los pequeños talleres familiares que dieron origen a la mayoría de marcas. Y tampoco fue un suizo su creador, sino un estadounidense llamado Florentine Ariosto Jones, interesado en tener una fábrica de movimientos desde donde abastecer a empresas relojeras de su país.
 
Grabado de la primera manufactura IWC Shaffhausen
 
Los bajos costes salariales y la facilidad para encontrar mano de obra cualificada (principalmente, trabajadores que realizaban sus piezas en casa o en pequeños talleres) convertían a la cuna de la relojería europea en la mejor opción para F A Jones. Sin embargo, Jones se encontró con una inesperada resistencia por parte de muchos artesanos de la zona, que veían en peligro sus empleos.
 
Así, la situación del americano era bastante delicada, cuando tuvo la suerte de que se cruzase en su camino el industrial suizo Johann Heinrich Moser, quien se había establecido en Schaffhausen, al nordeste del país. Allí había construido su primera planta hidroeléctrica, poniendo las bases de una industrialización que corría el riesgo de pasar de largo de la región. El entendimiento entre los dos empresarios dio como resultado a esta rara avis de la relojería suiza: la empresa International Watch Co. de Schaffhausen.
 
Primeros calibres

El primer local de IWC fue un edificio propiedad de J H Moser en la Rheinstraße, pero las necesidades de la empresa hicieron que pronto hubiera que alquilar espacio adicional en el Oberhaus, uno de los edificios con más historia de la ciudad. En 1874 empezaron a trazarse los planes de una nueva fábrica, para la cual Jones adquirió de la empresa hidroeléctrica unas instalaciones adyacentes a los bancos del Rin. Finalmente, la primavera de 1875, los 196 trabajadores de IWC empezaron a trabajar en la factoría Baumgarten.
 
 
 
Imagen histórica de la manufactura de IWC
 

Sin embargo, los primeros grandes cambios en la empresa se produjeron cinco años después, con la adquisición de la misma por quien era entonces su presidente, director y jefe de máquinas, Johann Rauschenbach-Vogel. Con él a la cabeza -y con la nueva denominación de Internationale Uhrenfabrik-, empezaba una nueva era para IWC, marcada por el liderazgo de la familia Rauschenbach, que se prolongaría durante más de cien años y cuatro generaciones.

 
Por desgracia para Johann Rauschenbach-Vogel, no tuvo mucho tiempo para disfrutar de su nueva posición en la casa, pues falleció sólo un año después. Su hijo Johannes Rauschenbach-Schenk, con tan sólo 25 años, se hizo cargo de la empresa, que pasó a denominarse Uhrenfabrik von J Rauschenbach, y la dirigió hasta su muerte, en 1905.
 
La etapa de Johannes Rauschenbach-Schenk se caracterizó por el primer gran crecimiento de la empresa, en parte, gracias a la incorporación de Urs Haenggi, en 1883. Nacido en Nunningen, cerca de Basilea, Haenggi se había formado profesionalmente en Francia y en la zona francófona, de modo que conocía perfectamente todos los secretos de la industria relojera. Durante sus 52 años en la empresa de Schaffhausen, defendió los intereses de la familia Rauschenbach y aumentó significativamente la proyección de la marca y su cartera de clientes.
 
Uno de los primeros hitos tecnológicos de la firma fue el modelo digital basado en la patente de un relojero austríaco llamado Pallweber. En el Pallweber, fabricado en 1885, dos pequeñas ventanas sustituían a las clásicas agujas para la indicación de hora y minutos (sólo los pequeños segundos mantenían el sistema clásico). Aunque no logró sustituir a los relojes de indicación analógica, más prácticos, las relativamente pocas piezas que se conservan –se calcula que IWC fabricó unos 20.000 relojes de estas características, entre 1885 y 1888- son hoy extremamente valoradas entre los coleccionistas.
 
Sin embargo, a finales de esta década ya parecía vislumbrarse que el futuro estaba en los relojes de pulsera. Por ello, en 1899 empezó a equipar a algunos relojes con los pequeños calibres 63 y 64 para este uso.
 
Los últimos años del siglo XIX trajeron la electricidad a la fábrica de Schaffhausen: primero, aplicada solamente a la iluminación y al funcionamiento de algunas máquinas, y más tarde, para toda la maquinaria, a través de un complejo, ruidoso y costoso sistema que sobreviviría hasta los años 30, cuando se introdujeron máquinas dotadas de sus propios motores.
 
Aunque la marca había sido creada básicamente para abastecer de movimientos a las fábricas americanas, a finales de siglo XIX Alemania ya se había convertido en su principal mercado. En el este, Austria y Rusia eran el destino de muchas de las piezas fabricadas en Schaffhausen, cada vez más valoradas por su gran fiabilidad. En 1903, esta faceta se hizo aún más evidente con la adopción del lema “Probus Scafusia” (“probus” significa “bien hecho” en latín, mientras que Scafusia es el nombre romano de Schaffhausen: “elaboración de calidad en Schaffhausen”).
 
Periodo convulso
Tras la muerte de Johann Rauschenbach-Schenk en 1905, su mujer, junto a sus dos hijas y a sus respectivos maridos, Ernst Jakob Homberger y Carl Gustav Jung  pasaron a encargarse de la fábrica, a la que transformaron en una sociedad mercantil abierta con el nombre de Uhrenfabrik von J Rauschenbach’s Erben. E J Homberger era el único signatario autorizado, mientras que Haenggi y Vogel asumieron la dirección.
 
Homberger  se hizo cargo de la empresa a las puertas de un periodo convulso, que traería dos guerras mundiales (aunque Suiza se mantuvo neutral en ambas) y una gran crisis económica. Homberger impulsó la creación de instituciones sociales, además de tomar medidas como la ampliación de las dependencias destinadas a los operarios y la creación de un fondo para viudas y huérfanos (que en 1929 pasaría a llamarse J Rauschenbach Foundation). En 1949, Homberger crearía también la Watch Company Welfare Foundation.
 
1938 fue un año importante para la historia de la marca, aunque difícilmente se podía suponer entonces que un reloj realizado por encargo para el mercado portugués se convertiría, con el tiempo, en uno de los más admirados y codiciados por los coleccionistas. Se trata, obviamente, del Portugués, una pieza que en su inicio estaba dotada de un movimiento original de reloj de bolsillo, el calibre 74 (más tarde se le adaptaría un movimiento saboneta calibre 98).
 
Posiblemente, uno de los momentos más peligrosos para la fábrica fue su bombardeo accidental por parte de las fuerzas aéreas norteamericanas (Schaffhausen está situada a pocos kilómetros de la frontera alemana), el 1 de abril de 1944. Aunque la bomba que la alcanzó no llegó a estallar, el edificio resultó afectado por las llamas de las bombas incendiarias que cayeron alrededor.
 
Además de las consecuencias directas de la II Guerra Mundial, su resolución conllevó también grandes cambios en la situación de la fábrica: el que había sido su principal mercado, Alemania, estaba arruinada, mientras que los países del Este quedaron aislados detrás del Telón de Acero. Así pues, Homberger tuvo que redirigir las exportaciones a otros países europeos, además de abrir nuevos mercados en Australia y en Lejano Oriente. Sin embargo, y aprovechando el periodo de bonanza que siguió al conflicto bélico en toda Europa, la fábrica mejoró significativamente su situación.
 
En 1955, y habiendo dejado la fábrica de relojes en una envidiable posición, Ernst Jakob Homberger murió, y fue sustituido como nuevo propietario por su hijo Hans Ernst Homberger. Siguiendo en la línea que había marcado su padre, Hans Ernst amplió la fábrica y renovó completamente la maquinaria para satisfacer las nuevas necesidades de la empresa, además de crear un moderno fondo de pensiones para los empleados.
 
Ese año, la firma lanzó su primer reloj de pulsera automático, el Ingenieur. Dotado de un calibre 8521, este reloj contaba con un sistema de cuerda y de indicación de fecha patentados por la marca, pero destacaba sobre todo por sus grandes propiedades antimagnéticas.
 
Fiel a la tradición
En la década de los años ’70 sobrevino la gran crisis en la relojería tradicional suiza. La llegada del cuarzo revolucionó el mercado, y muchas de las marcas se lanzaron a invertir masivamente en nuevas tecnologías, mientras otras perecían ante la imposibilidad de asimilar los cambios. Uhrfabrik H E Homberger, aunque se había involucrado inicialmente en este proceso -fue cofundadora y accionista del “Centre Electronique d’Horlogerie Suisse” (CEH), y participó en el desarrollo del exitoso movimiento de cuarzo Beta 21 de 1969- prefirió optar por concentrarse en la relojería mecánica. Con esta política, la empresa vivió en 1973 su mejor año desde antes de la guerra.
 
Sin embargo, la gran crisis económica de 1974, provocada por el aumento del precio del oro y la devaluación del dólar pasó factura a la empresa de Schaffhausen. En un contexto marcado por la invasión de calibres baratos japoneses, la situación de la firma, como la de tantas marcas relojeras suizas, llegó a ser crítica, y su salvación definitiva sólo llegaría en 1978, cuando la empresa de capital riesgo CDO Adolf Schindling AG se hizo con el control accionarial de la firma, aportando el capital necesario para su supervivencia.
 
No obstante, no se puede decir que la fábrica disminuyera su actividad durante este periodo de penuria. Es más, se construyeron nuevas plantas de fabricación de cajas de relojes de pulsera, y se entabló una fructífera relación con Ferdinand A Porsche, quien colaboraría como diseñador en algunas piezas célebres de la firma, como el reloj brújula o el cronógrafo de titanio. Éste tiene el honor de ser el primer reloj de pulsera con caja de titanio fabricado en serie, y en su momento representó una revolución en la industria relojera, además de una valiente apuesta por la cronografía mecánica, precisamente en el momento de máximo auge del cuarzo.
 
La entrada de CDO Adolf Schindling AG conllevó cambios importantes en la empresa. En primer lugar, ésta recuperó su nombre original, International Watch Co, pero el más importante, seguramente, llegó en 1981, cuando Otto Heller sucedió a H E Homberger -en edad de jubilación- en el cargo de director general y Günter Blümlein fue nombrado director de la marca. Éste fue quien impulsó la renovación de IWC, reactivando la campaña publicitaria y resituando la marca en el mercado.
 
Más tarde, Blümleim fundaría el grupo “Les Manufactures Horlogères SA” (LMH), con sede en Schaffhausen, que además de IWC, cuenta con las marcas relojeras Jaeger-LeCoultre y A. Lange & Söhne. Una de las piezas más significativas de este periodo es, seguramente, el cronógrafo Da Vinci automático, un modelo con calendario perpetuo patentado, programado mecánicamente para los próximos 500 años, y con uno de los sistemas de indicación de fase lunar más precisos del mercado.

En 1993 IWC celebraba su 125º aniversario, situada nuevamente en una posición de privilegio dentro de la relojería suiza. Lo hizo con una edición especial de 125 ejemplares de una de sus piezas más destacables, Il Destriero Scafusia, que era por aquel entonces el reloj de pulsera con fabricación en serie más complejo del mundo.
 
 
Los resultados de la gestión de Blümleim en las marcas de LMH se hicieron patentes cuando el grupo fue adquirido por Richemont en el año 2000, por 2.800 millones de francos suizos. De todos modos, LMH se aseguró la continuidad e independencia de sus marcas bajo el actual equipo de dirección.
 
De esta nueva etapa cabe destacar la recuperación de viejos modelos iconográficos, de los cuales se han realizado nuevas versiones. Una de las más destacables, lanzada en 2003, fue el Portugués Calendario Perpetuo, dotado de una sorprendente doble fase lunar (para los dos hemisferios). Con un calibre 50611 de IWC y sistema de cuerda automática Pellaton, garantiza hasta siete días de reserva de marcha. Su calendario perpetuo es uno de los más precisos jamás fabricados, pues presenta un solo día de desfase tras 577,5 años de funcionamiento.
 
La integración al Grupo Richemont facilitó que IWC pudiera ampliar sus cuotas de mercado en los Estados Unidos. Actualmente, la marca ostenta sus mayores cuotas de mercado en el Lejano Oriente, Suiza y Alemania.
 





Comentarios de los clientes (2) - Añadir nuevo comentario al artículo
 Portugues
 Interesante y lindo!👍🏻 FELICITACIONES
Fioravanti mascella | 30/08/2015 18:09:25   
 relojes
 tengo una joyeria y me gustaria recibir informacion sobre los relojes IWC
como puedo comprar?
jose luis | 11/07/2013 12:37:29   


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