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ROLEX

La joya de la corona

ROLEX
A principios de siglo XX, el reloj de bolsillo era el guardatiempo masculino por antonomasia. El incipiente reloj de pulsera se consideraba demasiado afeminado y poco adecuado a la imagen y necesidades del hombre, y además presentaba serios problemas de mantenimiento, pues el polvo y la humedad representaban un auténtico desafío para las maquinarias.
 
Sin embargo, no todo el mundo era de esta opinión en el ámbito de la relojería. Poco después de que Cartier sorprendiera al mundo con su revolucionario Santos, creado para una travesía en avión, Hans Wilsdorf, un joven de origen bávaro que dirigía, junto a su cuñado Alfred Davis, una marca de importación de relojes llamada Wilsdorf & Davis vio en el reloj de pulsera una oportunidad comercial, y apostó decididamente por ella.
 
Hans Wilsdorf, fundador de Wilsdorf & Davis en 1905, y quien daría nombre y registro a Rolex
 
Formado profesionalmente en la población suiza de La Chaux-de-Fonds, como responsable de la correspondencia inglesa de una importante empresa exportadora de relojes, Hans Wilsdorf se había mudado en 1903 a Londres para trabajar en otra empresa relojera. Allí había fundado dos años más tarde la mencionada compañía Wilsdorf & Davis, con la cual empezó a realizar relojes de pulsera, gracias al acuerdo alcanzado con el pequeño taller de Hermann Aegler en Bienne, para conseguir movimientos suficientemente pequeños.
 
Era el preludio del nacimiento de una de las marcas más apreciadas de la Alta Relojería: el 2 de julio de 1908, Wilsdorf registraba en La Chaux-de-Fonds la marca Rolex Co. SA de Aegler. Eligió el nombre “Rolex” por el hecho de pronunciarse igual en la mayoría de lenguas europeas; además, era suficientemente corto y todas sus letras tenían el mismo tamaño, lo que facilitaba su inclusión en la pequeña esfera de un reloj de pulsera.
 
En plena Gran Guerra, y a causa del incremento de los impuestos sobre la exportación de metales preciosos establecido por el Gobierno británico, Wilsdorf decidió trasladar la compañía a Suiza, donde fue establecida como Rolex Watch Company, que años más tarde se convertiría en Montres Rolex y hoy es simplemente Rolex.
 
Desde sus inicios, Rolex optó por el reloj de pulsera, que poco a poco iba ganando aceptación entre el público masculino y abandonaba el ámbito castrense (la necesidad de consultar la hora rápidamente y usando una sola mano por parte de los militares había hecho que varias marcas adoptaran algunas de sus piezas para ser llevadas en la muñeca) para empezar a verse en las calles.

También desde el primer momento, la búsqueda de la excelencia se convirtió en una de las prioridades de Wilsdorf, que le llevaron en 1910 a requerir de la Sociedad Suiza de Cronometría una certificación de precisión para sus modelos, la primera jamás atribuida a relojes de pulsera. Con ello, el creador de Rolex quería demostrar que este tipo de piezas podía ser perfectamente fiable, contradiciendo la creencia -por aquel entonces, generalizada- que atribuía una mayor precisión a los relojes de bolsillo. Cuatro años más tarde, fue el Observatorio británico de Kew el que concedió a Rolex un certificado Clase A de precisión, distinción hasta entonces destinada solamente a cronógrafos marinos.
 
Certificado Clase A de precisión del Observatorio británico de Kew
 
La vuelta de Wilsdorf a la cuna de la relojería vino acompañada de los primeros grandes éxitos de la manufactura; así, en 1926 Rolex creó el primer reloj hermético al agua y al polvo –para demostrar-lo, en las joyerías se exponía sumergido en un tanque de agua- , que recibió el revelador nombre de Oyster (ostra). Con esta creación, Rolex sentaba las bases para convertirse en una de las marcas más apreciadas por los practicantes del deporte. El bautismo de fuego de Rolex en este campo fue la histórica travesía del canal de la Mancha (la primera por parte de una mujer) que la nadadora inglesa Mercedes Gleitze realizó en 1927. Cuando Gleitze emergió del agua después de nadar durante 15 horas, el Rolex Oyster que lucía en la muñeca seguía funcionando perfectamente. El día siguiente, un anuncio en la portada del Daily Mail se hacía eco de las calidades de esta proeza técnica, iniciando una tradición de innovadoras campañas publicitarias que han caracterizado a Rolex hasta nuestros días.
 
 
 
Mercedes Glietze después de cruzar el Canal de la Mancha con su Rolex Oyster
 

Además de la introducción de nuevos materiales –como el resistente cristal sintético- y métodos de sellado, un elemento clave en el desarrollo del Oyster fue la introducción de una revolucionaria corona con un sistema doble de bloqueo inspirado en la escotilla de un submarino.

 
Modelo Oyster de 1926
 
Sólo cinco años después del Oyster, Rolex lanzó otro de sus hitos tecnológicos: el Rotor Perpetual. Diseñado por Émile Borer, responsable técnico de la marca y cuñado de Herma Aegler, este primer movimiento de cuerda automática para reloj de pulsera consistía en una masa en forma de media luna que oscilaba libremente sobre un eje –en uno u otro sentido, según los movimientos de la muñeca- para transmitir al reloj una energía inagotable. Dos características ruedas de inversión rojas permitían aprovechar el movimiento del rotor en ambos sentidos para remontar el mecanismo, de modo que el reloj se cargaba literalmente a cada movimiento de su portador.
 
 
 
Rotor Perpetual de 1931, patentado por la marca
 
 
La llegada de la Segunda Guerra Mundial también marcó un momento importante en la historia de Rolex, que por aquel entonces ya se había consolidado como una de las principales firmas relojeras. La marca se hizo muy popular entre los soldados –sobre todo entre los pilotos británicos, que apreciaban especialmente el Oyster Perpetual-, hasta el punto que Wilsdorf decidió entregar a todos los prisioneros británicos a quienes los soldados alemanes habían sustraído su Rolex una nueva pieza, que sólo tendrían que pagar después de la guerra.
 
En 1944, Wilsdorf vio como morían, con poco tiempo de diferencia, su mujer y su viejo socio Hermann Aegler. Este hecho le llevó a crear la fundación que lleva su nombre, con el objetivo de garantizar que en caso de traspasar la empresa no sería comprada o absorbida por otra compañía rival.
 
Relojes Históricos
 
El periodo abierto con la finalización del conflicto bélico vio el nacimiento de algunas de las piezas más significativas de la historia de la marca, empezando por el que es, aun hoy, su reloj más valorado por los amantes de la Alta Relojería, el Datejust, lanzado en 1945, y que representó el primer reloj con fecha automática.

Esta indicación se podía leer en una ventana situada a las 3 horas, cuya visión aumentó 2 ½ veces, a partir de 1954, con la inclusión de la característica lente Cyclops, que aún hoy incorporan los modelos Datejust. Dos años más tarde, se sumaría a la fecha la indicación completa del día de la semana, disponible en 26 idiomas.
 
En 1953 fue creada una de las piezas más históricas de la marca, el Oyster Perpetual Submariner, un modelo profesional de submarinismo dotado de bisel giratorio, resistente al agua hasta los 100 metros de profundidad (actualmente, lo es hasta los 300 metros).
 
La relación Rolex con las grandes gestas y competiciones deportivas ha sido una constante a lo largo de su historia, desde aquel lejano 1927 en el que un Oyster cruzó el canal de la Mancha ceñido en la muñeca de Mercedes Gleitze. Desde 1933, la marca suiza había participado en numerosas expediciones polares y ascensiones en el Himalaya (incluida la primera conquista del Everest, llevada a cabo por Sir Edmund Hillary en 1953), y su compromiso de Rolex en el deporte se ampliaría en 1959 con el patrocinio de la prueba de resistencia automovilística Daytona International Speedway. La competición, que pasó a denominarse Rolex 24 de Daytona dio a su vez el nombre a las nuevas versiones del cronógrafo Oyster, creado en la década de los 40, y que se convirtió en el Cosmograph Daytona. Desde entonces, Rolex ha participado en el patrocinio de múltiples eventos deportivos en todo el mundo, consolidándose como una firma estrechamente ligada al mundo de la competición y de la práctica deportiva.
 
Modelo Cosmograph Daytona, de 1963
 
El 6 de julio de 1960, fallecía en Ginebra Hans Wilsdorf, a la edad de 79 años, dejando una de las más reputadas e importantes compañías relojeras del mundo. Rolex quedó a manos de la Fundación Hans Wilsdorf, que nombró como nuevo director a André J Heiniger, discípulo directo de Wilsdorf, con quien compartía la misma visión de la relojería.
 
El mismo año, la marca creó el singular Oyster Deep Sea Special, caracterizado por su gran estanqueidad. Para poner a prueba esta prestación, fue fijado a la pared exterior del batiscafo Trieste, del capitán Jacques Piccard, con el cual descendió a la profundidad de 10.916 metros en la Fosa de las Marianas, para salir a la superficie en perfectas condiciones.
 
El Oyster Deep Sea Special, predecesor del Sea-Dweller, superó una inmersión a 10.916 m en la Fosa de las Marianas, fijado en el casco del batiscafo Trieste
 
Este reloj era el predecesor del Sea-Dweller, diseñado en 1967 como la evolución definitiva del Submariner, con una hermeticidad de 610 metros (aunque alcanzaría los 1.220 metros a partir de la versión 4000, de 1980, y los 3.900 en su última versión, llamada Deep Sea). Este reloj de submarinismo profesional fue el primero en incorporar una válvula de helio para proteger al reloj de los daños provocados por la presión de las moléculas de este gas que quedaban atrapadas dentro del reloj en la fase de descompresión.
 
 
 
Sea-Dweller de 1967
 
 
Otra pieza significativa de esa época fue el Oyster Perpetual Explorer II, lanzado en 1971. Este reloj estaba diseñado para expediciones bajo tierra, por lo que incorporaba protectores de corona, un nuevo bisel fijo con 24
numerales y una aguja naranja que daba un giro completo cada 24 horas para la indicación de día/noche.
 
La década de los ’70 vino marcada por la irrupción de los movimientos de cuarzo, que provocó una verdadera revolución en el mercado. Mientras unas marcas desaparecían, otras se refugiaban bajo el paraguas de grandes grupos empresariales y un tercer grupo se lanzaba desesperadamente al cuarzo, Rolex pudo mantenerse fiel a su filosofía, sin tener que preocuparse demasiado de sus resultados a corto plazo, entre otras cosas, gracias a la potente estructura creada por Wilsdorf. Por ello, la relación de Rolex con el cuarzo siempre fue relativamente pequeña, y modelos como el Oysterquartz -considerado por muchos el mejor reloj de cuarzo del mundo- nunca sobrepasaron el 7% de la producción de la marca, lo que permitió que su prestigio llegara incólume al final de siglo.

En 1992 Rolex introduce la serie Oyster Perpetual Yatch-Master en su línea profesional; este reloj, automático y hermético hasta 100 metros, se ha convertido en uno de los más populares de la marca, y se comercializa, además de en su versión original de oro amarillo, en acero inoxidable, Rolesium (acero inoxidable y platino) y en dos tonos (acero inoxidable y oro amarillo). El cristal de zafiro cuenta con la característica lente de aumento Cyclops. En el ámbito institucional, ese mismo año Patrick Heiniger, hijo de André J Heiniger, fue designado Presidente de Rolex. Con sus ilustres predecesores le unía una gran discreción que se ha convertido en elemento distintivo de la manera de funcionar de Rolex. Otro aspecto significativo que la convierte en una marca única es el hecho de ser una de las pocas firmas de la relojería que siempre ha fabricado sus propios movimientos. El hecho de fabricar todos los componentes del reloj es, en parte, fruto de un exagerado afán por la perfección técnica, que se refleja después en los múltiples controles de calidad que cada pieza pasa antes de
abandonar Ginebra.
 
 
 
Oyster Perpetual Submariner Date de 2005, con Cerachrom en el bisel
 
 
Durante la primera década de este siglo, la marca ha continuado con los mismos principios que marcaron su personalidad a lo largo del siglo XX. Entre las últimas creaciones de Rolex, cabe destacar el desarrollo del nuevo mecanismo 4130, incorporado al modelo Oyster Perpetual Cosmograph Daytona. Asimismo, las últimas colecciones de la marca han visto como algunas de las piezas más celebradas de Rolex cambiaban su imagen con la incorporación de un nuevo material desarrollado por la marca, el Cerachrom. Se trata de una cerámica extremadamente dura y resistente a la corrosión, y que no pierde su color –rojo o azul- por efecto de los rayos UV.
 
 
Submariner de 2009






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