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El mundo del reloj > Técnica y mantenimiento
Golpes en los relojes   (Cód.: golpes)
por mercuri ©

¿Qué pasa con los golpes que recibe un reloj de pulsera en el transcurso del uso diario y que no producen, aparentemente, ningún problema en el reloj?

Antes de responder a la pregunta es conveniente clasificar los distintos tipos de golpes en los relojes.

A) Los que son tan virulentos que rompen alguna pieza del reloj que instantes antes estaba en perfectas condiciones. La pieza que suele romperse más a menudo es el eje del volante.

B) Los que son virulentos pero no rompen ninguna pieza pero desajustan o doblan levemente alguna. La que más suele desajustarse es la perpendicularidad del eje del volante en relación con el disco del volante o bien el cambio de posición de algún rubí del sistema antichoque o el desajuste de la raqueta o pequeñas dobleces en la tija que sujeta la corona o que hacen saltar alguna de las agujas.

C) Los que no son virulentos y el cliente no percibe nada. O sea, que, a priori, parece que al reloj no le ha pasado nada.

Para responder a la pregunta del título es obligado referirme a las propiedades de las piezas, siendo estas, para la mayoría de las personas, incluyéndose muchos relojeros, un tema misterioso o, cuando menos, confuso. Las propiedades de cualquier pieza (de un reloj, del mango de una puerta, del pedal del gas de un coche, de un vaso...) dependen del material del cual está hecho y también de su historia. A su vez, por lo que se refiere a su historia, cabe considerar:

a) Historia térmica. Cambios de temperatura que recibe una pieza en el momento de su fabricación (temple, revenido...) más los cambios de temperatura -ya sean bruscos o moderados- que padece a lo largo de su vida.

b) Historia mecánica. Los tratamientos mecánicos de las piezas en el momento de su fabricación (laminado, forjado...) más los golpes, las sacudidas, las fricciones y los esfuerzos a los que es sometida cualquier pieza durante su existencia.

c) Historia química. Son los tratamientos químicos de las piezas en el momento de su fabricación (pavonado, nitrurado...) más los ataques químicos de aceites, grasas, humedad, radiaciones... que aguanta cualquier pieza durante toda su vida.

Una vez leída la clasificación anterior se deduce fácilmente que las propiedades de una pieza dependen en gran medida de su historia, la cual es tan importante como el material que las compone.

La fatiga del material y el envejecimiento “per se” (por el solo echo de haber transcurrido un cierto tiempo desde que se ha fabricado una pieza) también han de mencionarse. La fatiga de los materiales suelen ser la suma, más o menos ponderada, de los tres factores mencionados a lo largo del tiempo.

Pero continuamos formulándonos ¿qué pasa con los golpes que recibe un reloj de pulsera en el transcurso del uso diario y que no producen, aparentemente, ningún problema en el reloj?

La respuesta es:  incrementar la historia mecánica, aumentando así la fatiga de los materiales.

Los golpes que aparentemente no influyen en la marcha del reloj en realidad quedan registrados en la memoria molecular de las piezas. A cada nuevo golpe la desconfiguración molecular interna del material aumenta, hasta que llega un día en el cual dicha desconfiguración es tan grande que cede la estructura y la pieza se rompe. Lamentablemente es muy difícil observar los desarreglos moleculares como también lo es predecir cuando sucederá dicha rotura.

No hay dos usuarios que traten igual su reloj, de la misma manera que difícilmente se producen dos golpes idénticos. Todos suelen tener distinta intensidad y diferente duración, por lo que es sumamente complejo poder hacer predicciones fiables.

Seguro que a todos y a todas no ha pasado alguna vez que un vaso de cristal transparente nos cae desde la mesa al suelo y no se rompe. Lo miramos y no vemos nada, ni una pequeña grieta. Más adelante vuelve a caernos desde la misma altura y como si nada. Pero un día nos cae unos pocos centímetros y misteriosamente se rompe. Nos preguntamos ¿Cómo es posible? ¡si había caído desde mucho más alto y nunca le ocurrió nada! La contestación es que, en realidad, cada vez que caía, molecularmente se desconfiguraba un poco más, aunque dicha desconfiguración permanecía invisible al ojo humano. Y llegó el día en el cual solo le bastaba que una gota (un golpe) colmase el vaso para que se derramase el líquido (rompiese el cristal del vaso).

Exactamente este mismo concepto ha de aplicarse a un reloj. Por ello es recomendable que los portadores de relojes no los sometan a esfuerzos que hagan aumentar la desconfiguración molecular de sus piezas aunque, a primera vista, el mecanismo aguante sin mostrar ningún tipo de síntoma. El eje de volante suele ser la primera pieza en llegar a saturarse molecularmente con los golpes

 
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