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Navitimer Cosmonaute

Breitling

Navitimer Cosmonaute
 
(Publicado en "Máquinas del Tiempo", n. 41)
 
A principios de los años sesenta, la Guerra Fría entre los Estados Unidos i la URSS había entrado en una nueva etapa. Después del lanzamiento del satélite soviético Sputnik, en 1957, las dos potencias mundiales que se disputaban la hegemonía del planeta se lanzaron también a una carrera desesperada por la supremacía en el espacio, competición que proporcionó algunos de los episodios más memorables de la historia de la Humanidad.
 
Una de las primeras metas de esta carrera era situar un hombre en órbita alrededor de la Tierra; y con este objetivo, la agencia espacial norteamericana lanzó, en 1959, el Programa Mercury. Tres años después, John Glenn se convertiría en el primer americano en lograrlo. Por desgracia para los estadounidenses, Gagarin y Titov lo habían hecho pocas semanas antes.
 
Sin embargo, el programa no se detuvo, y el 24 de mayo de 1962, el comandante Scott Carpenter realizó el segundo vuelo orbital tripulado de los americanos, a bordo de la nave Aurora 7. La misión, que consistió en tres rotaciones completas alrededor del planeta, tenía fines científicos, y estaba destinada al estudio de los líquidos en condiciones de ingravidez y a la toma de fotografías de la Tierra.

Se trató, seguramente, de una misión menor dentro de la trepidante carrera espacial; lo que la hace diferente -y relevante para la ocasión- es que Carpenter lució en su vuelo un cronógrafo Breitling Navitimer. Era el primer instrumento de pulsera que participaba en la conquista del espacio.
 
Registro del Breitling Navitimer, de 1955
 
Creado en 1952, el Navitimer se había convertido en uno de los relojes preferidos por parte de los pilotos gracias a su precisión y fiabilidad, y a su característica regla de cálculo, que permitía efectuar todas las operaciones relacionadas con la navegación aérea. Capaz de afrontar condiciones externas extremas, el cronógrafo fue sometido a una serie de pruebas de resistencia antes de ser seleccionado definitivamente.
 
La gran particularidad del reloj llevado por Carpenter, que recibió la denominación “Navitimer Cosmonaute” (y se comercializó inicialmente con la referencia 809), era que la indicación horaria se realizaba sobre 24 horas para que el astronauta pudiera discernir entre el día y la noche en el espacio.
 
Publicidad del Cosmonaute, de 1962
 
Reloj conmemorativo
 
Aprovechando el 50º aniversario de este hito en la historia de la relojería, Breitling ha querido rendir homenaje a su primer Navitimer Cosmonaute con una nueva edición del reloj, que se limitará significativamente a 1.962 ejemplares.

Dotado de la característica indicación horaria de 24 horas, el nuevo Cosmonaute cuenta con el también flamante Calibre 02, un movimiento de carga manual (como el reloj de 1962) que ha sido íntegramente desarrollado por los ingenieros y relojeros de Breitling en base al Calibre 01.
 
El mecanismo, que cuenta con la certificación de cronómetro COSC, incorpora un cronógrafo con una arquitectura original de rueda de pilares, preciso hasta el ¼ de segundo, y dotado de totalizadores de 12 horas y 30 minutos. El Calibre 02 oscila con una frecuencia de 28.800 alternancias por hora, y garantiza una reserva de marcha de 70 horas.
 
 
Este robusto movimiento se aloja en una caja de acero de 43 milímetros de diámetro, provisto del característico bisel dentado del
Navitimer, que puede realizar un movimiento giratorio en ambas direcciones. Ligeramente facetadas, las asas confieren al reloj una imagen mucho más deportiva y moderna que la de su predecesor. En la carrura, dos estilizados pulsadores flanquean una robusta corona, estriada en el lateral y grabada, en la parte superior, con el emblema de la misión Aurora 7.
 
Si la esfera está protegida por un cristal de zafiro abombado con tratamiento antirreflejos en ambas caras, el fondo es ciego y presenta un gran grabado con el logotipo de la misión espacial, rodeado por una escala de conversión de grados Celsius y Fahrenheit (habitual en los Navitimer de la época). Más adecuado para el espacio que para el agua, el reloj es hermético hasta 30 metros de profundidad.

Realizada sobre un fondo de plata mediante un proceso de épargne, la esfera negra está claramente inspirada en la del modelo original, aunque con características propias: las reglas de cálculo, estructuradas concéntricamente, tienen incluso más peso en el conjunto, empezando por la escala de taquímetro del bisel giratorio, diferenciada con un fondo blanco. Ello obliga a concentrar las informaciones horarias en un espacio relativamente reducido.
 
Los numerales arábigos y los índices que indican las 24 horas del día (los primeros para las pares y las segundas para las impares) son luminiscentes y, a diferencia de lo que suele ocurrir, no siguen la forma de la esfera sino que todos ellos están situados verticalmente. La escala de segundos, en esta ocasión, presenta subdivisiones que permiten una precisión hasta el ¼ de segundo.
 
 
 

Los citados marcadores se presentan recortados (o simplemente desaparecen) donde coinciden con los tres contadores blancos relativos al cronógrafo (totalizador de 12 horas a las seis y de 30 minutos a las tres) y a los pequeños segundos (a las nueve), o con la ventana de fecha, ubicada a las 4:30 h. Igual que los índices y numerales, las agujas de hora y minutos tienen un revestimiento luminiscente. La trotadora central del cronógrafo es roja, y luce un contrapeso con el logotipo de la marca relojera.

 
La grafía de la esfera recuerda el carácter conmemorativo del reloj. Bajo el emblema alado de Breitling -esta vez, aplicado- y el nombre de la marca, encontramos la inscripción “Cosmonaute 1962” y, más abajo, el nombre de la colección (“Cosmonaute”). El nuevo Breitling Navitimer Cosmonaute se comercializa equipado con una correa de piel de Barenia o de cocodrilo, o con un armis metálico Air Racer -dotado de orificios- o Navitimer.
 
En 1962, los Estados Unidos realizaron un pequeño paso en el largo camino que, siete años después, llevaría Neil Armstrong sobre la superficie lunar. Seguramente no fue el más significativo en la historia de la carrera espacial, pero sí que marco un pequeño hito en los anales de la relojería. Y, sin duda, sirvió para consolidar a Breitling como una de las marcas de referencia en la construcción de relojes para pilotos.
 
 
 
 






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