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BAUME & MERCER

La marca de la proporción áurea

BAUME & MERCER
Fundador Louis-Victor Baume y Joseph-Célestin Baume
Año fundación 1830
Ciudad Les Bois
País Suiza
Grupo Rchemont
Web http://www.baume-et-mercier.com
Elaborado por E. Valls para Cronos México
El inicio de Baume & Mercier se remonta al establecimiento en 1830 de un “comptoir” de relojes en la localidad de Les Bois, en el Jura suizo, por los hermanos Baume Louis-Victor y Joseph-Célestin. Sin embargo la familia Baume era originaria del Franco Condado -zona francesa limítrofe al Jura suizo- donde desde 1542 se había dedicado a la artesanía relojera, pasando los conocimientos de padres a hijos. “Frères Baume” se estableció con el firme propósito de ser fiel al lema “aceptar sólo la perfección, sólo relojes fabricados con la más alta calidad”
 

 

 
No obstante la continuidad de toda actividad empresarial no pasa únicamente por mimar el producto, sino también por una buena estrategia de desarrollo comercial. Fruto de ello fue la creación en Londres de una filial a la que llamaron “Baume Brothers” en 1851 bajo la dirección de Joseph-Célestin. Este hecho fue clave para su expansión a través del Imperio Británico, desde la India hasta Singapur y desde Birmania hasta África, y se convirtió incluso en pionera en la venta de relojes en mercados por entonces emergentes, como Australia o Nueva Zelanda.
 

 

En 1876, cuando la segunda generación tomó el relevo, “Frères Baume” ya había adquirido una sólida reputación internacional por sus relojes sencillos, sus cronógrafos y sus modelos de gran complicación que incluían repetición de minutos, calendarios y tourbillones.
 
Por aquel entonces la empresa estaba dirigida por los dos hijos de Louis-Victor, Alcide y Arthur Baume. Mientras que el primero se encargaba de la gestión de la producción en Le Bois, el segundo se responsabilizó del marketing internacional desde Londres. Era un buen momento para abrir filiales en Ginebra y dar el salto al Atlántico, y entrar en el mercado americano desde la ciudad de Filadelfia.
 

 

Con Alcide y Arthur Baume al frente, la firma cosechó reconocimiento y éxitos en las diversas exposiciones nacionales y ferias internacionales que se empezaron a organizar en la segunda mitad del siglo XIX: París (1878 y 1889), Melbourne (1880 y 1895), Zúrich y Ámsterdam (1883), Londres (1885 y 1890) y Chicago (1893), en las que obtuvieron diez grandes premios y siete medallas de oro.
 

 

Paralelamente no se descuidó, en modo alguno, la esencia relojera de la precisión en la medida del tiempo. En 1885 los relojes Baume participaron por primera vez en la competición organizada por el observatorio británico de Kew Teddington, donde tres de sus relojes se situaron entre los siete primeros puestos. Al cabo de siete años, en 1892, un reloj Baume obtuvo la mejor puntuación de la competición con 91,9 puntos sobre 100, con un cronógrafo con fracciones de segundo. Una puntuación nunca lograda hasta entonces y que no sería superada hasta diez años más tarde.
 
No sólo triunfaban los relojes Baumes, sino que los hermanos también alcanzaban elevadas cotas de reconocimiento y prestigio político. Por una parte, en su suiza natal, se involucraron en la construcción del ferrocarril entre la Chaux-de-Fonds y Saignelégier en el noreste, consiguiendo modificar el trazado original para optimizar el transporte de su producción. Por otra parte el reconocimiento de Arthur Baume traspasaba fronteras: fue nombrado, por el presidente francés Henri Poincaré, miembro de la Legión de Honor, el rey de Bélgica le nombró gran oficial de la orden de Leopoldo II, fue miembro de la Royal Geographical Society (Real Sociedad Geográfica) y presidió la British Horological Institute (Instituto Británico de Relojería) de Londres.
 

 

El camino de Willian Baume –hijo de Alcide Baume y heredero de la compañía en aquel momento- y de Paul Mercier se cruzan en un almuerzo allá por el año 1912 dando lugar a uno de los momentos más emblemáticos en la historia de la compañía.
 
Paul Mercier nacido en Odesa como Tchereditchenko, adopta el apellido de su madre francesa, en un intento de facilitar la difícil pronunciación de su nombre ruso. Se trataba de un hombre apasionado y refinado, un amante de las artes que hablaba siete idiomas y tenía un excepcional sentido para los negocios. Había adquirido una posición de responsabilidad trabajando en la prestigiosa firma relojera ginebrina “Hass and Cie.”, cuyos relojes compitieron en no pocas ocasiones con los Baume.
 
Ese primer almuerzo de 1912, en el que William presentó la colección de Baume a Paul, fue la semilla de lo que más tarde germinó en Baume & Mercier.
 
Pero antes la primera Gran Guerra supuso cambios radicales en la industria, las artes y la sociedad en general. En el aspecto relojero, con la emancipación de la mujer se empezaron a poner de moda los relojes-joya llevados como prendedores, en largos collares o en la muñeca, una tendencia que fue posible gracias a la miniaturización de los movimientos de relojería. Entre los hombres el reloj de pulsera empezó a ganar terreno al reloj de bolsillo, tras demostrar sus utilidad en el ámbito militar.
 

 

En 1918, año del final de guerra, William Baume se muda a Ginebra y ese mismo año, el 18 de marzo acude al notario con Paul Mercier para registrar la nueva sociedad: Baume & Mercier. William se dedicaba a los aspectos técnicos, mientas que Paul se hacía cargo del diseño y del aspecto comercial del negocio. La manufactura se estableció en Ginebra donde se fabricaban relojes de alta calidad, así como movimientos que exportaban a los Estados Unidos.
 
Apenas un año después, en 1919, los movimientos de Baume & Mercier lucían el prestigiosos punzón de Ginebra. El 21 de marzo de 1921, el departamento de Comercio e Industria de la República y Cantón de Ginebra premió a los señores Baume y Mercier, relojeros de Ginebra, con un diploma que “certifica que su compañía figura en el primer puesto por el número de piezas merecedoras del punzón en la oficina oficial del Estado para el control facultativo de los relojes de Ginebra durante el año de 1920”. Las distinciones ginebrinas no acaban ahí ya que en 1924 la firma entra en el registro “Davoine”, directorio de referencia de las empresas relojeras, como una de las cuatro manufacturas de Ginebra, junto con Patek Philippe, Vacheron Constantin y Haas Neveux. Con su apuesta constante por la relojería de calidad suprema y la combinación de la excelencia técnica y el refinamiento estético contemporáneo, la empresa vive una rápida expansión a pesar de la profunda crisis que sufre la relojería suiza a principio de los años veinte y tras la quiebra bursátil de 1929.
 

 

En 1935 William Baume debe dejar la compañía por motivos de salud, dos años más tarde, en 1937 finaliza también la etapa de Paul Mercier, quien vende su parte a la familia Ponti, conocidos joyeros y orfebres del norte de Italia. Los Ponti son potentes industriales piamonteses que poseen fábricas especializadas en la joyería y las cajas de reloj. Tienen sucursales en Ginebra, Génova, Zurich y Londres. Ernest Ponti es cónsul de Italia en Ginebra, su hija está casada con el polaco Constantin de Gorski, quien asumiría la dirección de la compañía hasta 1958.
 
Bajo la dirección de Constantin de Gorski, durante los años cuarenta del siglo pasado los cronógrafos de Baume & Mercier se convirtieron en relojes muy admirados que incluso hoy en día siguen buscando los coleccionistas. Además tiene un papel preponderante en la creación de uno de los modelos más emblemáticos de la historia de Baume & Mercier: el Marquiste. Se trata de un reloj de señora con pulsera rígida abierta que se impuso como el reloj de señora preferido después de la guerra y fue uno de los más vendido de la marca hasta principios de los años setenta.
 

 

En 1952, Baume & Mercier adquirió nuevas instalaciones para fabricar sus cronógrafos pertenecientes a la manufactura de Charles Henri Meylan, cuya producción relojero equiparaba en calidad a firmas tan prestigiosas como Vacheron Constantin o Patek Philippe.
 
El 20 de octubre de 1964 Baume & Mercier registra el nuevo logotipo de la marca que incluirá en todas sus esferas: la letra griega “phi” (Φ). No es un símbolo banal, sino lleva implícito una declaración de intenciones. El número phi es también conocido como el número de oro, se trata de un número irracional, es decir, es un número de infinitas cifras decimales que no se repiten de forma periódica. Este número no se circunscribe sólo en el ámbito de las matemática, sino que representa una relación, denominada proporción áurea, presente en innumerables casos de la naturaleza desde el crecimiento de las plantas, las piñas, la distribución de las hojas en un tallo, dimensiones de insectos y pájaros o en la formación de caracolas. Muchos artistas han sucumbido a la proporción áurea desde Leonardo da Vinci al genial pintor Dalí. Incluso en aspectos cotidianos nos encontramos con esta proporción: la mayoría de tarjetas de crédito son rectángulos cuya proporción entre el lado mayor y el menor es el número phi.
 
La adopción de Φ como el logotipo de Baume & Mercier representa la inequívoca intención de circunscribir sus creaciones en la armonía que refleja la proporción perfecta.
 

 

La irrupción de los relojes electrónicos, con los primeros movimientos de diapasón, no pasa desapercibido para Baume & Mercier quien en 1971 incorpora dichos calibres a su modelo Tronosonic.
 

 

En 1972 vuelve a irrumpir con fuerza en la relojería femenina con los modelos Mimosa y Galaxy. Ambos galardonados con la Rosa de Oro en la competición internacional de relojes y joyería de Baden-Baden que tuvo lugar en la ciudad alemana de Dusseldorf. Repetiría galardón al año siguiente con su modelo Stardust, reloj con una esfea de ónix rodeada de 138 diamantes.
 
En 1973 siguió el modelo Riviera, uno de los primeros relojes deportivos de acero, que tenía un original diseño con doce caras. El Riviera se convirtió en el reloj más vendido de Baume & Mercier, y durante 20 años fue su reloj más emblemático.
 

 

Ya en los años ochenta, el modelo de señora Línea, volvió a encumbrar a Baume & Mercier a la vanguardia de la relojería femenina. La suavidad de sus líneas, su perfil sensual y su lujo declarado restituyeron cierta visión de la mujer. Sus acabados tan característicos, entre ellos el famoso bisel con cifras destacadas, lo convierten en uno de los relojes femeninos más fácilmente identificables.
 
En 1988 el destino de Baume & Mercier dio un nuevo giro, cuando el grupo del sector de lujo que más tarde se convertiría en Richemont adquirió Piaget y Baume & Mercier. Al incorporarse al grupo Richemont, Baume & Mercier encontró una nueva forma de independencia y una vitalidad renovada.
 
De esta época hay no pocos nuevos modelos en sus gamas de relojes de joyería, clásicos y deportivos: Catwalk (1997) revivió el reloj integral; Capeland (1998) adoptó el papel del aventurero, y Hampton (1994) se convirtió en un clásico reloj rectangular de acero y en el nuevo modelo emblemático de la marca.
 

 

En 2002, Baume & Mercier dio un paso más hacia la autonomía al abrir sus propios talleres en Les Brenets, en el Jura suizo, lo que representó un regreso genuino a sus raíces en varios sentidos: una vuelta a la producción en esta región, cuna de la compañía Baume (si bien la sede central de Baume & Mercier se mantuvo en Ginebra), y también una vuelta a una forma de producción relojera denominada “établissage” (una externalización de parte de parte del proceso productivo) empleada ya en la época de “Frères Baume” a lo largo del siglo XIX, pero combinada con las ventajas que esto supone en la actualidad. La compañía siguió en esta línea de éxitos con nuevos modelos, como Classima Executives, Diamant, iléa y también las colecciones de alta joyería de William Baume y algunos modelos deportivos y sofisticados para las versiones Riviera o Hampton.
 
2011 quiere ser un punto de inflexión de la historia de esta marca cuyo nuevo eslogan aúna toda una filosofía: la vida es una cuestión de momentos. Para Baume & Mercier sus relojes quieren formar parte de esos momentos que marcan la vida de cada cual y formar parte de su recuerdo y de su memoria. Un fiel reflejo de ese ideal se materializa en los Hamptons de Long Island, estado de New York: entre la tierra y el océano entre el arte de vivir y el lujo de ser.
 
No en vano la letra “phi” sigue figurando en sus esferas, una clara alegoría a la perfecta proporción de sus relojes.
 
Créditos
 
Artículo aparecido en la revista mexicana Cronos





Comentarios de los clientes (5) - Añadir nuevo comentario al artículo
 Lo kompro
 Te kompro el roskopf por 4 lechugas y un talego.
Ke lo sepas...
Kompro | 28/07/2015 16:17:12   
 CONSULTA
 HOLA, QUERÍA EFECTUAR UNA COLSULTA:

ME PODRIAN DECIR LA DIFERENCIA ENTRE ESTOS DOS RELOJES?:

- BAUME MERCIER CLASSIMA EXECUTIVE XL

- BULOVA ACCUTRON 63B014

GRACIAS. UN SALUDO
flandys | 18/05/2014 15:42:42   
 reloj Roskopf
 Tengo un reloj Roskopf patente 6269 . Wille Freres en excelente estado. escucho oferta y liquido. precio $ 6.000 o a conversar.
silvina | 30/01/2014 04:15:51   
 reloj Roskopf
 Tengo un reloj Roskopf patente 6269 . Wille Freres en excelente estado. escucho oferta y liquido. precio $ 6.000 o a conversar.
Anónimo | 30/01/2014 04:14:38   
 EDUARDO CORREA
 ADORO LOS RELOJES
Anónimo | 21/10/2012 22:25:40   


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