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Maurice Lacroix - Masterpiece Gravity

La colección Masterpiece de Maurice Lacroix incorpora un nuevo modelo con corazón de silicio

Maurice Lacroix - Masterpiece Gravity
De Ernest Valls
Fecha Septiembre 2014
Materpiece Gravity - Maurice Lacroix
 
Hoy en día, el mundo de la relojería está presto a depararnos agradables sorpresas y satisfacciones si somos capaces de mirar más allá de la primera impresión que pueda ofrecernos el logotipo de una marca. El buen saber relojero no es una exclusividad de las marcas históricas y tradicionales. Hay savia nueva en los montes del Jura que merece la pena explorar y por qué no, atreverse con ella. Maurice Lacroix es un ejemplo de esa savia nueva que discurre por los apacibles valles del epicentro relojero suizo.
 
Treinta y nueve más ocho
 
Treinta y nueve son los años que Maurice Lacroix lleva en el mundo de la relojería. No obstante la historia empieza bastante antes, concretamente en 1889 en Zurich, ciudad que albergó y sigue albergando, la sede Desco von Schulthess empresa dedicada al comercio de materiales como la seda, el pelo de animales o la lana de angora. El primer contacto con el mundo de los relojes llegó a mediados del siglo pasado cuando Desco se convirtió en representante de varias marcas de alta relojería -Audemars Piguet o Jaeger-LeCoultre entre otras- en el mercado oriental y Australia. Sin embargo el punto de inflexión sucede en 1961 con la adquisición del tallere de montaje Tiara situado en la ciudad de Saignelégier en el Cantón del Jura quien realizaba el ensamblado de relojes para terceras marcas. Hay que esperar hasta 1975 para que Desco comercialice relojes con su propia marca: Maurice Lacroix. El conocimiento que Desco tiene del mercado oriental le lleva a lanzar sus relojes primero en Australia y seguidamente en España e Italia. La aceptación de los relojes es tal que hacia 1980 los talleres de Saignelégier dejan de hacer relojes para otras marcas. A partir de los años 90, concretamente en 1994, Maurice Lacroix inicia una colección de relojes bajo la denominación de “Les Mécaniques” -si bien posteriormente también la denominará “Materpiece”-. Es una colección de relojes mecánicos, algunos de ellos en edición limitada, con calibres actuales ETA’sa o bien con calibres históricos -algunos de ellos especialmente interesantes como relojes cronógrafos con movimiento Venus o relojes rectangulares con movimientos rectangulares Fontainnemelon e incluso algunos Adolf Schild-.
 
Y ocho años son los que hace que Maurice Lacroix creo su primer movimiento manufactura, el ML 106 que daba vida al Masterpiece Chronographe. Un cronógrafo de carga manual con un original contador de sesenta minutos cuando lo habitual son contadores de treinta minutos. En estos ocho años Maurice Lacroix ha desarrollado hasta un total de 13 movimientos tanto de carga manual como automática, algunos de ellos con calendarios retrógrados o segundos misteriosos.
 
La colección Masterpiece es la síntesis de los conocimientos y saber relojero que Maurice Lacroix ha cosechado durante todos estos años. Son modelos de líneas modernas y elegantes con algunas piezas realmente curiosas y originales como el nuevo modelo que les presentamos a continuación.
 
Masterpiece Gravity
 
El Masterpiece Gravity, con su calibre manufactura ML 230 -el decimotercero de Maurice Lacroix- es el último modelo incorporado a la colección. El reloj se presentó durante la pasada feria de BaselWorld 2014 y llegará a los escaparates de las relojerías durante el cuarto trimestre de este mismo año. Es un reloj de grandes proporciones con una marcada estética y de una concepción técnica francamente interesante. Destaca por la forma en que el movimiento pasa a formar parte de la “esfera” del reloj y por ser la primera incursión de Maurice Lacroix en el mundo del silicio con un assortiment de áncora realizado en dicho material.
 

 

 

Este modelo se presenta en la actualidad en dos versiones diferentes. Una en caja de acero inoxidable con acabados pulidos y satinados, y otra con un acabado totalmente arenado y tratado con PVD negro. Cada versión presenta un acabado de esfera y decoración diferente y acorde al color final de la caja.
 
Tiene un generoso diámetro de caja de 43 milímetros con una forma clásica -potenciada por un cristal de zafiro abombado con tratamiento antireflejos por ambos lados-  y concepción de tres cuerpos. El fondo está atornillado a la carrura e incorpora cristal de zafiro transparente que permite ver la parte posterior del movimiento. El conjunto ofrece una estanquidad de 5 atmósferas, es decir 50 metros.
 
Assortiment de áncora de silicio
 
No es la primera vez que nos encontramos con relojes en los que se mezcla completamente la estética de la esfera con el diseño del movimiento. O dicho de otro modo la concepción propia del movimiento pasa a marcar la estética visible del reloj. En este caso el Masterpiece Gravity aflora, en la esfera, el hecho diferencial del movimiento ML 230 con el que está equipado.
 
La principal característica del ML 230 es que su assortiment de áncora está realizado en silicio. El desarrollo ha corrido a cargo de Michel Vermont, Director de Construcción de Movimientos en Maurice Lacroix, en colaboración con la Haute École Arc de la ciudad de Le Locle. Según el diccionario Berner de relojería se entiende por assortiment el conjunto de las piezas que conforman un subsistema determinado. En la relojería suiza se han definido tradicionalmente varios assortiment y el que nos ocupa es el de áncora que está compuesto por el platillo, el áncora propiamente dicha y la rueda de escape. El ML 230 utiliza el silicio como material base para la construcción de estas piezas. Las ventajas que aporta utilizar este material, en especial en el órgano regulador de un reloj, son de sobras conocidas. La técnica de fabricación permite realizar piezas exactas al modelo teórico con unas tolerancias de construcción prácticamente despreciables. Ello permite que todas las piezas sean idénticas y se comporten de igual forma con independencia del reloj en que estén montadas. A la vez que permite una geometría de las piezas más atrevida en busca de minimizar el contacto y mejorar las fricciones entre las diferentes piezas. El silicio, como material, no deja de ser “piedra” con lo que ofrece unas inmejorables prestaciones de no dejarse influenciar por los campos magnéticos y tener un comportamiento excelente frente a los cambios de temperatura -su dilatación es inapreciable- y ante la corrosión. No precisa lubricación lo que permite intervalos de mantenimiento más prolongados.
 

 

Sin embargo la originalidad del ML 230 no sólo se centra en el uso del silicio sino también en el diseño de las diferentes piezas que componen el assortiment de áncora. El áncora es de brazos monobloque, es decir, no tiene las habituales palas de rubí. Ello permite una geometría de la misma precisa y acorde a los diseños teóricos propuesto. Otra diferencia, frente a la construcción tradicional, está en el platillo. Tradicionalmente es un única pieza compuesta por dos platillos, el superior que es donde se ubica el rubí de la elipse y el inferior, más pequeño, que tiene una muesca y sirve, conjuntamente con el dardo, para evitar desplazamientos no deseados de la horquilla del áncora. En el caso del ML 230 hay dos platillos que han cambiado su posición. El superior es el que acompaña al dardo y el inferior tiene un índice que hace las veces de elipse y es el encargado de interactuar con los cuernos del áncora.
 
Por último, y como guinda de la concepción técnica del ML 230, su conjunto volante/espiral late a unas tranquilas y pausadas 18.000 alternancias por hora, lo que equivale a una frecuencia de oscilación de 2,5 Hz. Es una frecuencia de oscilación clásica y bastante más lenta que la habitual de 4 Hz. Una baja frecuencia de oscilación conlleva una mayor inercia del volante y menor desgaste en las piezas del escape al reducir su velocidad, sin embargo ha de hacer frente a la pérdida de precisión en aquellos casos en que, principalmente por golpes o movimientos bruscos, se “pierda” el cómputo de una alternancia. Personalmente prefiero los movimientos lentos ya que ello implica que para mantener buenas prestaciones de cronometría la construcción ha de ser más cuidada.
 
El ML 230 es un calibre de remonte automático mediante rotor central con un sistema de cojinete de rubí. Seguramente es el punto flaco del diseño del movimiento. Este sistema presenta un mayor desgaste del eje del rotor en contraposición con un cojinete de bolas. Otro aspecto que llama la atención consiste en el módulo del sistema automático que es sumamente compacto y de tamaño reducido.
 
Uno de los alardes de los que hace gala Maurice Lacroix en la concepción del ML 230 es el bajo número de piezas que lo componen: 188. Reducir la cantidad de componentes manteniendo las mismas prestaciones favorece la comprensión del movimiento y mejora las labores de mantenimiento. El ML 230 está dotado de un único barrilete con una reserva de marcha de hasta 50 horas lo que le proporciona alguna hora adicional de funcionamiento. Está equipado con un total de 35 rubíes y se ha realizado un ajuste en cinco posiciones que le confieren unas buenas prestaciones de cronometría. Otro detalle poco habitual en los calibres suizos es su pletina 3/4
 

 

 

Donde acaba el movimiento empieza la esfera
 
Aunque el ML 230 mantiene similitud al resto de movimientos de la manufactura en algunos aspectos constructivos, como en el caso del sistema de remonte automático, o de prestaciones, como la frecuencia de oscilación, su disposición mecánica es inédito. Ha sido preciso un nuevo diseño del conjunto para poder “sacar” del calibre el sistema de regulación y darle un protagonismo al mismo nivel que la esfera. Es un detalle que demuestra el énfasis que el assortiment de áncora de silicio cobra en la esencia del reloj ya que este forma parte propiamente de la cara visible del reloj. No hay que pasar por alto los puentes esqueleteados que permiten ver mejor el movimiento tanto de la rueda de escape como de la de segundos.
 
La esfera, propiamente dicha, está descentrada hacia las dos horas lo que permite una gran facilidad de lectura al no existir nada que entorpezca la visión de la misma. Debajo de la esfera se encuentra un dial más pequeño sobre el que discurre la aguja de los segundos. Lo que viene al caso para hacer mención de otra singularidad de este reloj y es que posee dos ruedas de segundos. La principal, por decirlo de algún modo, que es la que sigue la secuencia del tren de rodaje y engrana con la rueda de escape y la secundaria que es sobre la que se ajusta la aguja de los segundos. Ambas, como es logico, reciben el movimiento directamente de la rueda primera.
 
La esfera también difiere en estética según la versión que escojamos. Para la versión en caja de acero inoxidable con acabados pulidos y satinados la esfera presenta numerales romanos y las agujas de horas y minutos son azuladas, así como la de los segundos. El guilloché de la pletina sobre la que está la esfera es de tipo “Clous de Paris” que se caracteriza por la forma piramidal del dibujo que deja el guilloché. Para la versión en caja de acero inoxidable con acabado en PVD de color negro, la esfera incorpora índices rodiados y aplicados, así como agujas también rodadas, tanto las de horas y minutos, como la de los segundos. En este caso el guilloché de la pletina bajo la esfera presenta un motivo “Grand Colimaçon” que se caracteriza por las formas de caracol de su dibujo.
 

 

Una pieza que merece tenerse en cuenta
 
Seguramente más de un aficionado a la relojería tenga en mente a Maurice Lacroix como un reloj de moda de los años ochenta del siglo pasado en pleno predominio del cuarzo. Sin embargo en la actualidad la colección Masterpiece se sitúa a un nivel más cercano a la alta relojería. Cierto que el nivel de precio del Masterpiece Gravity cercano a los 10.000 € puede suponer un freno a su adquisición por existir piezas de marcas ya asentadas de ese nivel. Sin embargo me atrevo a afirmar que si se considera el conjunto de prestaciones del Masterpiece Gravity tanto en cuanto estética como en cuanto diseño mecánico y la incorporación de componentes realizados en silicio, ofrece un precio realmente competitivo.
 
Una vez más hemos de aparcar el logotipo de un reloj y centrarnos más en lo que nos ofrece, en ese caso no cabe ninguna duda de que el Master Gravity de Maurice Lacroix es una pieza que merece tenerse muy en cuenta.






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